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HOJE NA;HISTóRIA
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interpretarse como una arbitraria decisión del narrador, se llena de sentido si seanaliza el microtexto a la luz de consideraciones utópicas. Desde esta perspectiva,el testimonio que brinda Ruíz de Montoya acerca de la presencia pretérita deSanto Tomás contribuye a reforzar el ya mencionado postulado jesuita de lainexistencia de la ignorancia invencible de Dios en ninguna población. Comomarco para interpretar cabalmente la inserción de la narración del Santo esnecesario considerar el capítulo que la antecede:..., dimos principio allí a una reducción que intitulamos San Francisco Javier,que en pocos meses creció (...), a donde también se recogieron aquellas bestiasfieras, y se domesticaron, volviendo en ovejas mansas, haciendo esta mudanzala divina palabra y el bautismo que todos recibieron, creciendo cada día en lafe, en la virtud y en amor nuestro27.Y, lógicamente, debe tomarse en cuenta el capítulo posterior:Ibanse adelantando mucho los nuevos cristianos con la continua predicacióndel Evangelio, y entablóse muy buenas costumbres. Una, y muy loable fue, quebien de mañana oyesen todos Misa, (...)28.La tradición del Apóstol afianza el valor y la fuerza de la prédica en tiemposanteriores y posteriores a la conquista. El relato del pasaje del Santo posee en suesquema compositivo tres tipos de narradores: testigo, colectivo (correspondiendoa la voz plural de la comunidad religiosa) y, finalmente, objetivo.1) Narrador testigo:...de que adelante diré. / En empeño me han puesto mi deseo de seguir el rastro.../ Saliera del carril de la brevedad que deseo en esta narración simple (...) Tocaréalgunos fundamentos... / El empeño en que me ha puesto, el tratar de SantoTomé, me obliga a decir (...) Y no juzgo haber salido de mi intento... / ...sólo unoreferiré un milagro ... Yo tengo en mi poder un pedazo desta milagrosa cruz.../Con esto he concluido con la cruz (...); ahora volveré a mis reducciones, deseosode que alguno tome este rasguño para tratar esta historia con fundamento.El yo narrador se extiende, abrevia, manifiesta anhelos y ejemplifica. A travésde la primera persona el yo se constituye en voz comprobatoria que atestiguaacerca de la veracidad de los signos y señales dejados por el Apóstol:
Yo no las he visto huellas en la peña de la playa de San Vicente / En la provincia de Chachapoyas, donde yo estuve (...) está una losa grande... / ..., lo cual tengo por muy probable adoración del ídolo de Tangatanga, manifestación de tres personas en una... / Yo tengo en mi poder un pedazo desta milagrosa cruz, con testimonios ciertos...
2) Narrador colectivo: la primera persona plural representa la voz de la comunidad misionera. Montoya canaliza el discurso de los jesuitas:
...íbamos haciendo nuevas entradas a gentiles,... /...,salimos el P. Cristóbal de Mendoza y yo a la provincia de Tayatí,... / Hicimos allí una población muy buena, que fue escalada para otras que hicimos en aquella provincia. / ..., vimos mis compañeros y yo un camino que tiene ocho palmos de ancho,... /...,vimos mis compañeros y yo un camino que tiene... / ...el camino de Santo Tomé, y nosotros hemos tenido la misma relación de los indios de nuestra espiritual conquista.
3) Un último ejemplo de diversidad narradora lo constituye el uso de la vozimpersonal. Mediante esta manifestación, el narrador deja de lado lo vivencial delalegato y retoma un tono de pretendida objetividad propia de una crónica. Así,se aleja de lo testimonial, de lo personal y asume el texto desde la perspectivadel informante:..., nos dijeron que por tradición (...) Santo Tomé pasó por aquellas partes..../..., dice, que un hombre de grande estatura,... / ...:es voz constante de tradiciónmuy antigua,... / No se puede dudar que... / ..., y así es muy digno de creer que.../ A la objeción se puede responder que... / Consta por tradición que...Además de estas manifestaciones narrativas, Ruíz de Montoya utiliza otros dosrecursos que tienen por objetivo resaltar la figura del yo narrador: A) la cita deautoridades y B) la identificación.A) se observan dos tipos de citas: las de San Marcos y Santo Tomás29 y las deautores reconocidos30 orientadas a dar testimonio valedero de la tradicióndel Santo en América. [Páginas 16 e 17]
única referencia en América de expresiones semejantes a las de la fe católica41.Situación semejante se produjo ante el hallazgo de cruces que muchos cronistasidentificaron rápidamente con la cristiana42.En cuanto al trayecto que el Apóstol realizó, Montoya describe el inicio desu peregrinaje en tierras del Brasil: ...el santo Apóstol empezó a caminar portierra desde la isla de Santos, sita al Sur,...43; ...Santo Tomé predicó en todo elOccidente, empezando del Brasil (pasando naturalmente en embarcaciones de losromanos, que por la costa de África (como dicen algunos) tenían comunicacióncon la América, o que Dios por milagro lo llevase, (que se puede tener por máscierto). Pasó al Paraguay, y de allí a peruanos;...44
También relata su paso por Paraguay
A más del célebre camino que, según la imaginación de los jesuítas, había sido recorrido por Santo Tomás desde la costa del Brasil hasta la provincia de Tayaoba, en el Guairá, había cerca de Asunción un cementerio y un pozo (...) en el cerro de Paraguarí, una capilla abierta (...) en el paraje llamado Mbae pirungá, las huellas de los pies del Apóstol (...) y en el pago de Tacumbú (...), varias piedras (...) Desde el Paraguay se suponía que Santo Tomás había tomado el rumbo del Perú (Gandía, 1929, op. cit.).
, donde perdura la tradición de quefue el Santo quien les entregó la mandioca pero que debido al mal trato quelos gentiles dieron al discípulo fueron castigados: ...que aquellas raíces demandioca habían de sazonar en muy pocos meses; pero que en castigo lalograrían en un año, y así pasa el día de hoy46. Una vez más, para certificarla tradición, Montoya cita al prelado de la diócesis de Asunción, Lorenzo deMendoza.Todo el capítulo XXIII está dedicado específicamente a señalar los rastrosque Santo Tomás dejó en el Perú. Allí Montoya describe el trayecto desde Cacha,pasando por Cuzco, hasta llegar al adoratorio del Sol (es decir, Copacabana) enel Lago Titicaca. Relata también el motivo por el cual el Apóstol levantó en elpueblo de Carabuco una cruz y las consecuencias que les acarreó a los indígenas. [Página 20]
foi publicada a segunda edição na língua inglesa. Pouco depois, em 1848, o relato foi publicado em língua alemã em Dresden e Leipzig, atual Alemanha.A edição em português ocorreu em 1942, na Coleção Brasiliana, intitulada Viagens no Brasil: principalmente nas províncias do norte e nos distritos de ouro e do diamante durante anos 1836-1841, da Companhia Editora Nacional.No ano de 1856 foi publicado o relato Life in Brazil; or, a journal of a visit to the land of the cocoa and the palm de Thomas Ewbank ela Harper & Brothers, Nova York, sendo lançada também na Inglaterra. Nos Estados Unidos houve uma edição em 2005.No Brasil, o relato em português foi publicado com o título A vida no Brasil: ou Diário de uma visita ao país do cacau e das palmeiras, em 1973, pela editora carioca Conquista, em dois volumes.O relato de Henry Walter Bates foi publicado em 1863, em dois volumes, com o título The naturalist on the River Amazons, a record of adventures, habits of animals, sketches of Brazilian and Indian life, and aspects of nature under the Equator, during eleven years of travel by Henry Walter Bates, em Londres pela John Murray. A segunda edição ocorreu um ano depois, com supressão de algumas partes pelo autor, seguida por mais de dez edições na língua inglesa em Londres e nos Estados Unidos. No Brasil O naturalista no Rio Amazonas foi editadoem 1944 pela Editora Nacional.
Em 1869, Richard Burton publicou a primeira edição de Explorations of the Highlands of the Brazil; with a full account of the gold and diamond mines. Also, canoeing down 1500 miles of the great River São Francisco, from Sabará to the Sea by Captain Richard F. Burton, F.R.G.S., etc., em Londres por Tinsley Brothers, em dois volumes. A obra recebeu destaque em finais do ano passado e foi publicada em Nova York no centenário da primeira edição, e nos últimos dezesseis anos teve três edições nos Estados Unidos.
No Brasil, a primeira edição de Viagens aos planaltos do Brasil: 1868, em três volumes,ocorreu no ano de 1941 pela Companhia Editora Nacional, que publicou a segunda edição em 1983. Houve uma edição em 2001 pelo Senado Federal intitulada Viagem do Rio de Janeiro a Morro Velho, volume único.
Em São Paulo, a Tip. Allemã de H. Schroeder publicou Onze dias de viagem na Província de São Paulo com os Srs. Americanos Drs. Gaston e Shaw, e o Major Mereweather. 1865. Carta dirigida ao Illm. e Exm. Sr. Barão de Piracicaba de John James Aubertin no ano de 1866.
Nesse mesmo ano foi traduzido para o inglês pelo autor e publicado em Londres pela Bates, Hendy & Co. com o título Eleven day’s journey in the Province of Sao Paulo, with the [p. 10]
Outro ponto, o parâmetro comparativo do algodão brasileiro e do norte-americano. A produção dos Estados Unidos figura como indicadora de qualidade e produtividade, em vista do país ter sido o maior fornecedor do mundo, e é trazida pelos viajantes quando desejam estimular a produção no Brasil, em especial, utilizando dados fornecidos por conhecedores do ramo.Nesse sentido, Richard Burton traz as considerações de um renomado pesquisador da cultura algodoeira, Major R. Trevor Clarke96 para quem “Aqui [no Brasil] o algodão tem mais penugem que o habitual; 600 quilos darão 250 de fibra limpa, ao passo que no Alabama são necessários 750 quilos. Em geral, o replantio do arbusto é feito em seu quarto ano”.97 E J. J. Aubertin traz a experiência dos americanos sulistas Dr. Gaston, Dr. Shaw e Major Mereweather, a quem ele acompanhou durante a passagem deles pela Província de São Paulo:Eramos cinco pessoas. Tres Americano sulistas, dr. Gaston, dr. Shaw e o major Mereweather, que ião fazer sua viagem prolongada, na exploração de districtos um pouco remotos, sob a direcção do sr. Engenheiro Bennaton, para esse fim nomeado; e, sendo informado dos seus preparativos, logo me aggreguei a elles, não menos por sympatia para com a antecipada immigração americana, como tambem pelo desejo de visitar em sua companhia algumas plantações de algodão, e tirar algumas instrucções de sua experiencia pratica, a respeito de uma cultura que, sendo hoje estabelecida na província, não póde deixar de influil-os cabalmente na resolução que definitivamente tenhão que tomar.98Durante a permanência na província paulista, o grupo visitou a região de Itu, Salto, Porto Feliz e Sorocaba, daí J. J. Aubertin seguiu para a capital paulista e eles continuaram viagem com destino à Itapetininga. As observações de diferentes aspectos da lavoura algodoeira e o processamento do algodão fizeram os norte-americanos considerarem o clima paulista adequado à produção e benéfico o fato de não haver mudanças bruscas na temperatura, como a ocorrência de geadas, possibilitando maior tempo de conservação do algodoeiro.99Esses dados são agregados por J. J. Aubertin àqueles fornecidos por produtores paulistas de que “emquanto o alqueire norte-americano, dando bem, produz de cem até cento e dez ou talvez 96 Richard Trevor Clarke (1813-1897) – “Army officer and horticulturalist. Major in the Northampton and Rutland Infantry Militia, 1862. Bred nearly thirty new varieties of begonias and many new strains of cotton. Awarded a gold medal by the Cotton Supply Association of Manchester. Member of the Royal Horticultural Society; served on the council and scientific committee for many year; awarded the society’s Veitchian medal, 1894”. BURKHARDT, Frederick et al (Ed.). Charles Darwin. The Correspondence of Charles Darwin (1866). Cambridge: Cambridge University, 2004, p. 502, vol. 14.97 BURTON, Richard Francis. Viagem de canoa de Sabará ao Oceano Atlântico..., op. cit., p. 29. [nota 3]98 AUBERTIN, J. J. Onze dias de viagem na Província de São Paulo com os Srs. Americanos Drs. Gastón e Shaw, e o Major Mereweather. 1865. Carta dirigida ao Illm. e Exm. Sr. Barão de Piracicaba. São Paulo: Typ. Allem[p. 159]
Os esforços de J. J. Aubertin devem ser compreendidos dentro desse contexto, em que ele se coloca como defensor da produção algodoeira paulista e atua em diferentes direções. No Brasil, escreveu para diversos periódicos nacionais e correspondeu-se com diferentes figuras da política brasileira para lhes solicitar o envolvimento com a lavoura algodoeira capaz de colocar São Paulo em posição favorável no mercado inglês, tal como fez o inglês em carta ao Comendador Fideles Prates:
Usai, vos peço, nesta vespera de uma nova semeadura, a vossa bem conhecida influencia entre os vossos amigos, e dizei aos cultivadores do algodão que redobrem os seus esforços na nova plantação, porque pela colheita futura é que se diciderá definitivamente a importante questão se a provincia de S. Paulo pode ou não pode occupar uma posição positiva nos mercados de Manchester.104
Aos agricultores interessados, ele também procurou difundir noções sobre a técnica de cultivar o algodão herbáceo e publicou folhetos sobre a cultura do algodão.105 Essa política de difundir informações sobre o cultivo foi uma atividade constante da associação inglesa, mesmo após o fim da guerra norte-americana.
No plano internacional, empenhou-se em apresentar os algodões paulistas de boa qualidade na Exposição Internacional de Londres, de 1862, com o objetivo de mostrar os atributos do produto. Também foi intermediador entre Manchester Cotton Supply Association e órgãos brasileiros; em duas ocasiões, nos anos de 1862 e 1865, J. J. Aubertin solicitou à associação britânica que enviasse algodão herbáceo ao Ministério da Agricultura e à Sociedade Auxiliadora da Indústria Nacional.106 Em diferentes momentos enviou para a Inglaterra amostras do algodão paulista, em geral, com boas avaliações dos correspondentes.J. J. Aubertin arquitetou ações no Brasil ligadas aos interesses ingleses baseadas em informações colhidas por ele na província ou com base na experiência de nacionais e, principalmente, de norte-americanos, com o propósito de deixar claro as potencialidades de São Paulo e convencer os potenciais produtores paulistas. Para aqueles que mesmo assim estivessem em dúvida, ele escreve:
Deveras, já é tarde demais para duvidar do algodão de São Paulo; mas se ainda ha descrentes, apenas apello para os dous srs. Cultivadores que acompanhei, major Mereweather e dr. Shaw. Ambos elles me repetirão muitas vezes, que melhor algodão que aquelle que nos vimos não desejavão ver; que nas suas proprias plantações e com todos os seus meios perfeitos não costumavãoproduzir melhor. 107
Seus esforços renderam-lhe o reconhecimento da associação inglesa, que o condecorou com uma medalha de ouro, e o governo brasileiro honrou-o com o hábito da Imperial Ordem da Rosa. Nos veículos de informação brasileiros, nos quais tanto escreveu, vemos o reconhecimento de seus pares, como E. Hutchings, outro entusiasta da lavoura algodoeira em terras paulistas e intermediário entre a associação e o Ministério da Agricultura, Comércio e Obras Públicas:
Hoje, considerado, como um genero de exportação, o algodão, e sua cultura, é um dos factos estabelecidos na historia da provincia, e eu me aproveito desta occasião para patentear a gratidão que todos temos.Quem sabe, o que ha de mostrar-se nos anos que vem? Quasi todas as condições de prosperidade estão unidas nesta provincia; - Um clima sem rival, uma terra cheia de riquesa, e uma natureza, cuja uberdade é espantosa. Tudo isto aqui, e no outro lado do Oceano, a Inglaterra, offerece tudo quanto seja possivel afim de attrahir para lá, os productos da provincia, e com as devidas providencias, e constancia em trabalhar, tudo será possivel, e, sem esta, nada.Campinas, Mogy-mirim, Limeira e outros lugares vão caminhando na cultura do café, e o publico, bem como os particulares, são beneficiados. Parece que, para Sorocaba, resta ainda este outro manancial de prosperidade; - a cultura do algodão, e não ha homem ou natural, ou estrangeiro na provincia, que não abençoará a empresa.[...] Caminho da Luz, S. Paulo Agosto de 1865[...] E. Hutchings108
Evidentemente, tais esforços foram no sentido de produzir algodão adequado às necessidades da indústria inglesa. Foi estimulado o plantio da semente de Nova Orleans, em solicitação de uma circular da Manchester Cotton Supply Association109 e houve uma modificação na postura do produtor brasileiro: “O tipo de algodão tradicional no Brasil era o arbóreo mas o mercado consumidor passou a condicionar a produção ao tipo herbáceo dos 107 AUBERTIN, J. J. Onze dias de viagem na Província de São Paulo..., op. cit., p. 16.108 HUTCHINGS, E. “Aos Redactores do Diario de São Paulo”. Diario de S. Paulo, São Paulo, 11 agosto 1865, ano I, nº 10, p. 2. Em outras atividades, além do algodão: E. Hutchings foi um dos secretários da Comissão Julgadora de um concurso para criadores de animais pensado por J. J. Aubertin, tesoureiro do evento. O Comendador Fideles Nepomuceno Prates aparece como um dos Juízes. “Concurso industrial”. Correio Paulistano, Estados Unidos. As variedades mais procuradas eram a U[p. 161, 162]